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martes, 12 de febrero de 2013

Rosell, Fernández, Adelson...

            Una vez más la patronal española se retrata. El ex presidente Diaz Ferrán, imputado por diversos delitos societarios y fiscales, hizo bueno a su predecesor José María Cuevas, a quien por cierto no se le conoció otra actividad profesional o empresarial que la presidencia de la CEOE.

            Ahora, su sucesor Joan Rosell se permite descalificar al Instituto Nacional de Estadística (INE) por los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) que todo el mundo menos él considera más fiable que el registro del Instituto Nacional de Empleo (INEM). Desprecia al funcionariado a quienes prefiere subsidiados en casa que en sus oficinas “gastando papel y teléfono”. Puestos a subsidiar, yo preferiría emplear en subsidios el dinero que se entrega a las empresas y el que no se cobra por deducciones y desgravaciones a las mismas. Y pagar a la gente que ahora emplean sólo para poder cobrar todas esas ayudas y que les permite tener personas trabajando por casi nada. Personas empleadas por empresas privadas y pagadas por fondos públicos.

            Estaba pensando en la catadura moral de un tipo que se permite sugerir la implantación de “minijobs” (trabajar poco, a deshoras y por casi nada) ahora que ya tienen períodos de prueba de un año para poder despedir gratis total; cuando oigo que el vicepresidente de la CEOE, la organización que preside Joan Rosell y que se financia casi exclusivamente de los Presupuestos Generales del Estado, Arturo Fernández paga sistemáticamente parte del salario a su personal en “B”, en “negro”, fuera de nómina, sin declarar, sin retener para IRPF ni cotizar para la Seguridad Social. Y no crean ustedes que el susodicho se avergüenza, no. Primero, se desentiende: “si hay alguna irregularidad, que no la conozco,…”, luego insinúa algo así como un complot y finalmente considera que es algo de menor importancia y que se ha hecho siempre.

            Luego dicen que si la marca España, que si atraer inversores… En un país en que el rey hace negocios personales y se “deja regalar” cacerías, yates o lo que caiga por cualquier que pueda pagarlos y su yerno está imputado por diversos delitos tales como estafa o tráfico de influencias, en un país en que el gobierno, o la cúpula dirigente del partido que lo sustenta cobra sobresueldos, en un país en que el legislativo está controlado por el ejecutivo y neutralizado por el bipartidismo, en un país en que no hay separación de poderes y el Consejo General del Poder Judicial y el Tribunal Constitucional están sometidos al ejecutivo y al legislativo; en un país en que el cuarto poder no es cuarto poder sino instrumento del Poder y la libertad de expresión se confunde con libertad de prensa y esta con la de libre empresa (editorial o de comunicación). En un país con una patronal como la descrita no hay marca que “vender” y los inversores que puedan sentirse atraídos sólo pueden ser unos Adelson cualesquiera.

viernes, 9 de diciembre de 2011

EL CIUDADANO URDANGARIN

           Hace unas semanas el marido de la Infanta Cristina, Iñaki Urdangarin saltó a las primeras páginas de prensa. Según parece, Iñaki Urdangarin y su socio han estado cobrando importantes cantidades por supuestos servicios que prestaba el Instituto Nóos que es una institución sin ánimo de lucro, y lo ha hecho usando el nombre de la Casa Real y de su esposa la Infanta que también pertenece a la Junta Directiva del citado Instituto. El asunto tiene enjundia y la prensa a diario añade nuevos datos. La justicia ha tomado cartas en el asunto y está investigando. Pero todavía no se ha imputado a Iñaki Urdangarin de nada, y es aquí cuando aparece el exfiscal de la Audiencia Nacional, Ignacio Gordillo afirmando que se encuentra en una situación de absoluta indefensión.
            Según el señor Gordillo se han infringido derechos fundamentales de la persona como son el derecho al honor, el secreto de las comunicaciones… También el derecho a una defensa efectiva ya que el marido de la Infanta no ha sido oído, ni citado, ni informado de la acusación. Y todo ello podría viciar de nulidad el procedimiento. 
            Me da la impresión que una nulidad del procedimiento es lo que menos le importa al señor Gordillo. Más preocupado parece estar por la supuesta vulneración de los mencionados derechos fundamentales del yerno del Rey y sobre todo, por cómo afecte a la Casa Real este caso de posible corrupción.
            Pero la supuesta indefensión de Urdangarin no es tal. Por una parte está la actuación de la justicia y por otro la de la prensa. La policía y la fiscalía están investigando, y si no hay acusación no hay de qué informarle. Cuando llegué la imputación ya tendrá ocasión de ser oído, será informado de qué se le acusa y podrá nombrar abogado. 
               En cuanto al supuesto linchamiento mediático al que se está viendo sometido, no tendría porqué ser así si él no quisiera. Estoy seguro de que todos los periódicos que están informando del caso publicarían gustosos cualquier comunicación que Urdangarin les hiciera llegar al respecto. Acudirían a cualquier rueda de prensa que tuviera a bien convocar y le cederían el espacio que precisase para aclarar la situación. Iñaki Urdangarin, que no es un ciudadano normal y corriente (procede de una, más que acomodada, familia burguesa, fue deportista de élite y está casado con la Infanta Cristina) también podría responder con una querella contra esos periodistas que, según el señor Gordillo, están atentando contra su honor.
            En fin, que me muero de pena por la situación que atraviesa el ciudadano Urdangarin. Ese moderno Josef K del que Franz Kafka nos habló en su magistral “El proceso”.